Carpe Diem...


Existo en una realidad meramente visual, llena de pasatiempos y distracciones, con reglas pensadas por años para evitar la anarquía y el desenfreno, en donde casi todos los seres siguen la norma como lección aprendida desde pequeños, mediante breves dosis de urbanidad y exiguos conocimientos mal aprendidos por sus pedagogos.

El tiempo transcurre mientras la totalidad divaga inmersa en la gama de distracciones, relegándose a ser espectadores sedentarios del porvenir, justificando su existencia en efímeros fines; esos que han sido establecidos como objetivos finales por el pensamiento colectivo, todos esos justificativos para evitar la soledad, para no dejar que nos ocupemos en pensar y nos mantengamos viajando dentro de los ruidosos vagones de la sociedad. Evidentemente, el ruido acalla nuestros pensamientos. Incluso como dijo Montesquieu, entre menos piensa el hombre, más habla; yo agregaría que mas habita dentro del ruido mientras menos se interesa en pensar.

Mientras que en silencio, inmutable, se halla Dios, vigilante y observador, sin aparentes ganas de participar en ese circo cada vez más ensordecedor llamado humanidad.

¿Será que el ser celestial se mantiene al margen, como un simple espectador, sentado simplemente comiendo palomitas y cagándose de risa de los horrores y barbaries cometidos desde siempre por la gran nación que habita este planeta?; o quizás más bien el hombre, en su afán de crear ruido y distracciones, (en las cuales tenido total éxito desde el siglo pasado), a externalizado todo sus pensamientos, generando que casi toda su población se encuentre perdida en su existencia, justificando estar en este mundo solo con efímeros objetivos, aferrándose a la realidad desde sus más débiles y poco importantes puntos.

Pero además, como siempre, se mantiene en silencio la divinidad, sin perceptibles gestos de evitar le aparente perdición de sus mal llevados vástagos. Por eso cada vez más gente deja de ver al cielo, sus ojos se posan en la tierra, y observan cada vez lo más mundano de ella.

Aún así existimos pocos, los que llevamos el estigma; nos mantenemos tratando de justificar nuestra fugaz existencia fuera de las normas y los preceptos de una sociedad vacía. Sobre mí en particular, trato de encontrar a Dios en donde al parecer habita; en el silencio, en la omisión de sonido, mediante la meditación y la contemplación, liando también con lo que el colectivo evita, la soledad y el vacío, tiempos en los cuales uno reflexiona en verdad con lucidez.

Así en Dios puedo morar, sin importar el entorno y sus triviales y aburridos pasatiempos. Así existo feliz en su seno, evitando cada vez más perder el tiempo con los execrables comisionados de la vida, encargados de tratar de llevarme nuevamente a lo coetáneo, y jugar las cartas en medio de la mediocridad que no dispone de sentido aparente. Poco me importa ahora sus difamaciones, y mis errores cometidos sin intención de lastimar. Ahora simplemente me siento un ser más feliz.

Comments

  1. Completamente de acuerdo... es misión innegable justificar nuestra existencia en esta tierra, en esta vida!

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