Prontuario de la vida en prisión





Un jueves en la noche mientras tomaba buena cerveza de barril, conocí a un personaje muy particular; un colombiano que había estado preso por supuestos "vínculos" con alguna banda local. Era un tipo que no tenía un centavo encima, pero a pesar de ello era de lo más jovial, además de tener supuestos planes de pequeños negocios propios. Hasta ahí en realidad nada en la charla que se estaba desarrollando generó algún tipo de interés mío en particular, hasta que me confesó sus tres años de estadía en el Ex penal García Moreno.

El no demostró ninguna satisfacción por haber manifestado esa vivencia, lo cual me hizo suponer que no era ningún fanfarrón, pues supongo que nadie debe tener buenos recuerdos de ese lugar. Como sólo había sentido las impresiones de estar preso por el libro "La casa de los Muertos" de Fiódor Dostoievski decidí, con algo de tino, tratar de convencerle de que me cuente su historia.

La forma de comenzar su relato me sorprendió en demasía; el me dijo: "recuerdas la fuga de 30 presos del penal", de lo cual algo había escuchado, por lo que mi repuesta fue afirmativa. Su repuesta cambió de pronto las facciones de su rostro, se pusieron tensas, y sus ojos destellaron un brillo de dolor. Empezó a hablar diciendo:

De esos treinta presos, yo vi a veinte de ellos ser cercenados, hasta el punto de convertirlos en pequeños pedazos de carne, y ser arrojados a las alcantarillas del penal, por donde se escapaban el resto, todo porque los del pabellón "A" se las tenían "juradas" a varios del otro pabellón, por donde pasaba el túnel de fuga.

Me quedé anonadado con tal afirmación, por lo cual pedí que me explique más del tema; él continuó su tortuoso relato:

Cuando tu estas en prisión, lo peor que te puede pasar es que alguien "te la jure", porque esa persona inevitablemente va a pasar gran parte de su día pensando en matarte, eso pasa en prisión; y tu inevitablemente pasarás gran parte de tu día pensando en que la única manera de que eso no suceda sea asesinando al que "te la juró". Luego de esto la voz le cambió, mostrando ira, cuando recordó a algún desdichado ser de prisión, del cual mencionó que algún día, según él piensa, terminarán sus cuentas pendientes matando el uno al otro.

Prosiguió relatando un poco más de ese infierno: Para poder sobrevivir en prisión uno debe hacerse el macho y estar dispuesto a todo, a pesar que por dentro te estés meándote del miedo. Si alguno se da cuenta de tu miedo, en seguida tratará de pasarte por encima. Recordó que el primer día que estuvo preso intentaron robarle hasta el colchón, y tuvo una fuerte pelea por el mismo; por suerte no salió herido y pudo demostrar que no se iba a dejar "ver las huevas" fácilmente.

Me comentó además que para colmo, la comida era servida en "el pabellón de los negros", al cual los primeros días no iba por miedo. Después por el hambre que tenía tuvo que ir, por lo que buscó compañía de colombianos, con los cuales se sentía un poco más protegido. Cuando fue para allá el primer día no se percató que llevaba monedas en el bolsillo, y que emitían un pequeño sonido cuando el caminaba, este sonido abría sido escuchado por uno de los negros, por lo que uno de ellos se levantó y le seguía los pasos. Cuando sus “amigos” se dieron cuenta del particular lo llevaron hacia un lado y le entregaron una especie de machete hecho con los largueros de las camas, y le dijeron que cualquier cosa iban a estar cerca. En ese momento se dispersaron, lo dejaron solo sentado en el comedor; acto seguido el negro que lo había estado siguiendo con la mirada se puso en frente y le pidió que le entregue todas las monedas, a lo que respondió con una serie de improperios mientras permanecía sentado con el arma en medio de la silla y sus posaderas. El negro sacó una especie de cuchillo alistándose para apuñalarlo, a lo cual respondió levantándose y sacando el machete que se encontraba camuflado, el negro dio pasos hacia atrás gritando un montón de improperios, indicándole que lo va a matar, a lo que respondía con una serie de rápidas ráfagas de improperios, ya que, según me manifestó, la boca en prisión, más que en ningún otro sitio, puede salvarte o condenarte, dependiendo de que tan bien la sepas usar. Según su parecer el negro empezó a ponerse nervioso al igual que él, lo cual lo hizo sentirse más seguro. El negro le manifestó que sólo quería las monedas para pegarse "un bareto", lo cual se vendería en cantidades industriales dentro de la prisión, a lo que respondió que si era por eso se ponga tranquilo, que lo iba a invitar a uno. Las cosas se calmaron, le dio la plata necesaria para 6 baretos, para poder compartir con todos, pero a pesar de nunca haber probado droga tuvo que sentarse a fumar con el negro que estuvo a punto de apuñalarlo. Señaló sentir que estuvo al borde de la muerte, ya que en prisión pudo ver presos muertos y hasta mutilados los brazos por unos cuantos centavos, perdidos en juegos o en medio de robos.

Luego él aprendió a probar todo tipo de drogas, ya que simplemente en prisión uno no se puede negar, o será motivo de abusos por ese hecho. Al final me comentó que aprendió a robar a los nuevos, los que entraban con cara de asustados, que buscaban alguien en quien confiar, según relataba ellos eran los primeros en ser maltratados. El buscaba a los "aniñaditos" porque sabía que a ellos les iban a enviar más cosas cada día. Se cerraba así el círculo vicioso.

Según me dijo, me contaba todas estas cosas, porque uno nunca sabe, cualquiera puede resbalar, y terminar en el infierno...

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